En la ponencia Ciencia y sociedad de la Acción CRECE se ha planteado el análisis de algunos de los problemas centrales que surgen en la interacción del avance científico con las estructuras sociales y, particularmente, de la recepción de dicho avance por los individuos y grupos sociales (el «público») en España. Asimismo, este trabajo ha incluido el estudio de las influencias que esa recepción de la ciencia por la sociedad o el público tiene sobre la propia ciencia. En el presente resumen se destaca un conjunto representativo de las observaciones, conclusiones y recomendaciones que contiene el documento citado.
La mayoría de las áreas de la ciencia y de su aplicación a la satisfacción de necesidades sociales no presentan hoy un perfil problemático para el grueso del público, y muchas de ellas son vistas como claramente beneficiosas. Sin embargo, en el cuadro general de las percepciones de la ciencia y la tecnología por la sociedad española de este último período temporal destaca un aspecto diferencial respecto a otras sociedades europeas, de la mayor importancia a la hora de conceptualizar los programas de acercamiento entre ciencia y sociedad y de diálogo entre comunidad científica y público:

    1. En lo que se refiere a la sociedad española, tanto los estudios de la Comisión Europea como otros llevados a cabo por instituciones privadas, coinciden en caracterizarla como una de las sociedades más optimistas y con menos reservas ante la ciencia.
    2. Ese perfil optimista y aproblemático de nuestra sociedad se da, en paralelo, con un bajo nivel de conocimientos científicos de la población (conocimiento de conceptos centrales y de los modos de operar de la ciencia), a distancia significativa de la mayoría de sociedades europeas avanzadas. Dicho de otro modo, la actitud de apertura ante la ciencia es más bien pasiva, sin correspondencia con el esfuerzo personal por interesarse e informarse acerca de la misma, y no ha ido acompañada de una visión de la ciencia como componente inexcusable de la cultura de la sociedad.

En este sentido, las propuestas son:

    • En España, más que en otras sociedades europeas, es preciso desplegar iniciativas duraderas y efectivas para incrementar los conocimientos y el interés general de la sociedad sobre los fundamentos científicos de nuestra cultura y la contribución de la ciencia a su desarrollo, propiciando, además, la aparición de vocaciones científicas entre los jóvenes.
    • El esfuerzo de agentes públicos y privados por comunicar la ciencia al público debe incrementarse de manera significativa. Además, los resultados de esos esfuerzos deben someterse a escrutinio o evaluación, de manera inexcusable en aquellos casos que procedan de la aplicación de políticas públicas. El número de investigadores involucrados en el programa de acercamiento de la ciencia al público es prácticamente insignificante, y esta actividad no forma parte de las preocupaciones habituales del investigador, que la considera ajena a su papel, cuando no contraria al mismo. Por todo ello, se propone que:
    • La comunidad científica y las instituciones científicas y/o con competencia en materia de política científica adopten un claro y explícito compromiso de valoración y estímulo del trabajo de divulgación de los investigadores.
      Ello, obviamente, dentro de los sistemas de enseñanza reglada donde los esfuerzos formativos alcanzan mayor rendimiento. En el nivel universitario reviste la mayor importancia dedicar especial atención a generar y mantener entre los estudiantes el interés por la investigación.
    • Las instituciones académicas de enseñanza superior deberían encontrar nuevas formas de apoyo y reconocimiento a aquellos de sus miembros que destaquen por un empeño especial en actividades de estímulo científico y renovación curricular, promoviendo la desaparición de formas de enseñanza rutinarias y desincentivadoras del interés por la investigación. Debe fomentarse el conocimiento por los estudiantes de la actividad investigadora de su profesorado.
    • En los niveles de enseñanza primaria y secundaria cualquier iniciativa de su profesorado dirigida a aumentar el interés por la ciencia y sus aplicaciones debiera ser objeto de atención especial y apoyo, por parte de las universidades, el CSIC y las organizaciones científicas. Este apoyo puede ser particularmente importante para llamar la atención de las correspondientes administraciones educativas sobre la importancia de las enseñanzas científicas en estos niveles fundamentales, hoy con serias deficiencias, y, además, sobre la falta de estímulo, incentivos y medios que, en general, tiene el profesorado.

La clase política española comparte con el resto de nuestra sociedad el alejamiento del conocimiento científico. Así, es sintomático que, a diferencia de la mayoría de los países de nuestro entorno, no existen en España cauces formalizados y transparentes de asesoramiento científico y tecnológico al Gobierno o a nuestros representantes, tales como Oficinas de Asesoramiento Científico de la Presidencia, comisiones científicas permanentes del Parlamento y Senado, consejeros científicos en embajadas y organismos internacionales.

    • Es de la mayor importancia que se institucionalicen los canales de gestión y aplicación del conocimiento científico en la gestión diaria del interés público, y no sólo en situaciones de crisis.

El interés con el que la sociedad española percibe la ciencia, y su grado de adquisición de la cultura científica, no pueden ser cuestiones indiferentes para la comunidad científica. Por tanto,

    • Los investigadores españoles tienen la responsabilidad de conocer aquellas preocupaciones y actitudes de su entorno social relevantes para el desarrollo de su actividad. Asimismo, la comunidad científica debe aprovechar todas las oportunidades para transmitir a la sociedad en qué forma incorpora a su trabajo y a sus decisiones esas preocupaciones, preferencias y demandas del público.
    • La comunidad científica, cuando utiliza recursos públicos, debe tener claro que la recepción de dichos recursos lleva indisolublemente incorporados principios de correspondencia, entre otros, el de responder de su uso eficiente en términos comprensibles para la sociedad que los provee.

La situación de la información científica en los medios de comunicación en España es paralela a la posición del país en cuanto al esfuerzo y el nivel científico, ocupando posiciones intermedias entre los países menos avanzados y los de mayor desarrollo. El pequeño tamaño del sistema español de ciencia y tecnología, la falta de científicos de referencia y de portavoces autorizados, la poca influencia social y política de los científicos y la escasa tradición científica del país, juegan en contra de una valoración social de la ciencia, a pesar del nivel alcanzado en las dos últimas décadas. Por tanto,

  • Todos los actores del sistema de ciencia y tecnología deben ser conscientes de la importancia de una buena comunicación de sus actividades a la sociedad a través de múltiples canales, pero con un énfasis especial en los medios. Los responsables de las instituciones públicas deberían adoptar las medidas oportunas para alcanzar este propósito.

Esta comunicación exige tender puentes o mejorar la conexión entre comunidad científica y medios de comunicación, requiriéndose que ambos componentes hagan su parte. Conviene recordar que seguirá siendo la ciencia la que tenga que «ganarse» su presencia en los medios de comunicación, generando noticias de interés, con apertura y transparencia a los medios, y que incluya la oferta de información de calidad y máxima actualidad.

  • Sería conveniente la intervención de personal especializado o comunicadores científicos, idealmente periodistas con formación científica o científicos con formación periodística, dedicados prioritariamente a la comunicación. El sistema público debería estimular la formación de dichos profesionales.

La consulta de los datos más fiables sobre la presencia de la ciencia en televisión documenta su débil impacto relativo en la programación de TV en España (0,001 % – 0,01 % en TVE). Así, se propone que:

  • Las cadenas públicas de televisión dediquen más atención y espacios de mucha mayor audiencia a programas de divulgación científica, a pesar de que pudieran no tener un éxito inmediato. La inclusión de contenidos científicos en los programas infantiles es una clara inversión de futuro. Debería, también, articularse el encuentro entre guionistas, editores de noticiarios y científicos para propiciar el intercambio de sus respectivas visiones de la ciencia y la sociedad.

La ciencia, desde los inicios de internet ha buscado y encontrado acomodo en los recursos de la red digital, consiguiendo con ello mejorar las expectativas de acercamiento a la sociedad. Las organizaciones y asociaciones científicas, hospitales, universidades, empresas que desarrollan investigación, administraciones públicas, museos, etc., están creando un gigantesco espacio de aprendizaje y comunicación de la ciencia. Sin embargo, en nuestro país los escasos portales digitales de información o divulgación científica son, frecuentemente, de bajo nivel e influencia marginal. Contemplados los efectos a escala global, es claro que internet ha hecho que, tanto en éste como en otros dominios, se pase de una situación de escasez crónica de información y conocimiento a otra en la que el problema es la gestión individual de su sobreabundancia. Junto a ello se debilitan los mecanismos tradicionales de «filtrado» o de identificación del conocimiento verificado frente al espurio.

  • Las instituciones y organizaciones científicas deberían explotar más inteligente y profesionalmente las revolucionarias posibilidades de los nuevos recursos de la red, para proyectar a la sociedad la actividad investigadora que desarrollan. Es perentorio formar a los ciudadanos en criterios para seleccionar y distinguir el valor cognoscitivo de la información disponible en internet, para que puedan acceder y beneficiarse del conocimiento verificado que existe hoy en la gigantesca biblioteca digital que es internet.

El acceso intelectual a la ciencia y otros contenidos queda seriamente limitado por la pérdida del hábito de la lectura y de comprensión lectora, especialmente en los escolares. La recuperación y el reforzamiento de ambas capacidades debe ser compatible con la emergencia de nuevos medios y formatos. Por otra parte, en España es muy reducida la producción propia del libro científico y divulgativo y tienen un peso modesto las grandes revistas de ciencia (en todas sus acepciones, de divulgación y reflexión), mejor representadas e implantadas en otros países europeos.

  • En el caso específico del libro de ciencia, su presencia en las bibliotecas públicas es anecdótica y, por lo general, está desfasada, lo que hace necesario planes sostenidos para incrementar su disponibilidad en las mismas. Por otra parte, deberían recuperarse los convenios de coedición de obras de divulgación científica de claro interés social y poner en marcha un plan meditado de ayudas a revistas de divulgación y cultura científica.

En la actualidad existe en nuestro país un notable conjunto de centros dedicados a la divulgación científica, que integra museos y centros interactivos de ciencia, además de museos especializados, planetarios, acuarios, jardines botánicos y zoológicos. Todos estos centros constituyen un factor clave para la mejora del conocimiento científico y de la percepción pública de la ciencia. Además, promueven la educación en las actitudes y habilidades características de la investigación científica entre todos los ciudadanos; ayudan a comprender conceptos científicos vinculados a la actualidad y sugieren claves para integrarlos en la cultura.

  • Es importante que la sociedad y los poderes públicos reconozcan el creciente impacto y la diversidad de funciones de los museos de la ciencia, incluidos planetarios, acuarios, jardines botánicos y zoológicos, en la difusión del conocimiento científico. Sería conveniente aumentar de manera significativa los recursos humanos, financieros y de espacio requeridos para potenciar la función educativa de los Museos Nacionales de Ciencias Naturales y de Ciencia y Tecnología. Debería evaluarse sistemáticamente la contribución de todo este conjunto de instituciones a la difusión del conocimiento científico.

La presencia de las mujeres en el sistema de educación e investigación en España en las últimas dos décadas ha aumentado considerablemente; pero esto no se ha traducido, hasta el presente, en una presencia significativa en los escalones superiores de la carrera docente-investigadora.

  • Para hacer frente a un problema de esta complejidad es urgente obtener información fiable y sistemática, sobre la que basar análisis estadísticos precisos de todas las variables implicadas en la situación de desigualdad de la mujer en el sistema español de ciencia y educación superior.

No es necesario esperar a esos análisis para comenzar a aplicar una serie de medidas que contribuyan a detener la pérdida de mujeres en el sistema español de I+D, o su masiva desmotivación causada por las barreras adicionales que encuentran en la carrera competitiva por la excelencia investigadora. Entre estas medidas destacan:

  • Crear o reforzar los mecanismos de conciliación entre la vida profesional, privada y familiar con horarios flexibles, servicios sociales públicos para el cuidado de las personas dependientes e incentivos fiscales que favorezcan estos mecanismos, y otras iniciativas similares que faciliten la movilidad de las investigadoras, el retorno a la carrera científica o la dedicación, a tiempo parcial, tras períodos de baja maternal.

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